Sudáfrica: Misión Safari (1ª Parte)

Entabeni     Después de diez largas horas de viaje desde España, llegamos a Johannesburgo, conocida en Zulú como iGoli, que significa ciudad del oro. El aeropuerto Internacional O.R. Tambo recibe a los visitantes con una tenue luz y pese a que está siendo remodelado para el Mundial de 2010, aún quedan zonas en un estado muy precario.

     Johannesburgo es una de las ciudades más ricas de África gracias a los enormes yacimientos de oro y diamantes que posee. Pero esta riqueza es ficticia, pues sólo afecta a una pequeña minoría blanca que puede vivir perfectamente, mientras la gran mayoría, de raza negra, vive en unos niveles casi tercermundistas, por lo que la ciudad es peligrosa.

     Al igual que Kenia, Sudáfrica es un destino idóneo para poder ver animales en estado salvaje. Y es que este país cuantaJirafa comiendo con infinidad de parques naturales en los que podremos ver a los cinco grandes (León, leopardo, elefante, búfalo y rinoceronte). Entre los parques más conocidos está el Kruger, parque estatal en el que se graban muchos de los documentales de la sabana africana. Sin embargo, aunque se pueden ver grandes manadas de animales, esta reserva no está tan bien cuidada como las privadas, por lo que estas últimas son más recomendables para visitar.

     En nuestro caso fuimos a Entabeni, un parque natural de más de 22.000 hectáreas, que es el lugar perfecto para ver más de una treintena de especies. La principal ventaja de esta reserva es que combina cinco ecosistemas, pues cuenta con llanuras, con montaña, humedales o lugares con vegetación muy frondosa del tipo jungla. Un punto a favor frente a otras reservas que sólo cuentan con la sabana. Está situada en la provincia de Limpopo, al noroeste de Johannesburgo.

     Desde Johannesburgo el viaje hasta Entabeni lleva unas 3 horas en coche. La carretera cruza un pequeño pueblo llamado Mookgopong, en el que se puede ver la auténtica situación de África, lejos de los imponentes rascacielos de las grandes ciudades. Durante el camino es frecuente ver a ambos lados de la carretera pequeños puestos de madera en los que los lugareños venden fruta que ellos mismos cultivan en sus huertas. La última mitad del trayecto concurre por una larga carretera recta de más de 120 kilómetros.

     Al llegar por un camino de tierra roja, unas alambradas electrificadas actúan como vallas para que los animales no se escapen. En la entrada una garita con dos guardas -ambos con escopeta-  nos dan el alto, hablan con el conductor y nos abren la puerta, empieza la aventura. Antes de llegar al campamento, en el que se pasa una noche en una cabaña, se pueden empezar a ver las primeras especies como cebras, gacelas o jirafas.

Cabaña .     Las cabañas tienen el tejado de paja, una paja que ha sido hilada meticulosamente formando una gruesa capa que no permite que se filtre el agua. Sobre una estructura de madera se apoyan las paredes, de un material similar al de las tiendas de campaña. Dentro, no falta ningún tipo de detalle pues tenemos desde cafetera hasta un minibar. La gran mayoría de las cabañas son de dos personas, pero tienen algunas para cuatro y para seis. Por la noche es imprescindible que un Ranger (guía-explorador) te acompañe con el rifle cargado hasta la cabaña, pues estas no se encuentran separadas de los animales. Eso si, uno de los Ranger, Steven, asegura que nunca han tenido que disparar a ningún animal.

     CONTINUARÁ…

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