Tenerife: Paraiso tropical sin salir de España

El Teide, en Tenerife

     Situada a 300 kilómetros de las costas africanas se encuentra la isla volcánica de Tenerife. Pertenece al archipiélago canario, un conjunto de siete islas que por su situación cercana al trópico de cáncer hace que el clima sea templado y muy suave durante todo el año. Tenerife es por ello conocida como “la Isla de la Eterna Primavera”, donde normalmente en invierno no se baja de los 17º y en verano no se superan los 26º.

     Es por ello un emplazamiento único en toda España, con una flora y una fauna muy extensa pese a ser un pequeño paraje. Esta riqueza natural viene dada gracias a los distintos ecosistemas que se pueden encontrar en la isla tinerfeña. Desde climas desérticos en las zonas más altas que recuerdan a Marte por sus tintes rojizos y su paisaje rocoso hasta bosques muy densos con altos árboles donde la niebla y las lluvias son muy frecuentes.

El Teide

     El Teide se eleva inamovible hasta los 3.718 metros de altitud en el centro de la isla, recordando a todos los habitantes cuales son los orígenes de Tenerife. Hace más de 40 millones de años las erupciones submarinas fueron originando una masa de tierra fruto del magma enfriado con el agua. Al cabo de unos 30 millones de años la isla ya emergía del agua. Pero es en los últimos 200.000 años cuando se configura toda la superficie, formándose los valles de La Orotava y de Güimar. Por ello, en su historia más reciente ha habido constancia de al menos hasta cuatro erupciones. La más grave en el año 1706 cuando entró en erupción el volcán de Trebejo. Sus cenizas y su lava sepultaron la cuidad de Garachico, lugar donde estaba el puerto más importante de la isla en el siglo XVIII. La última erupción tuvo lugar en el año 1909.  

     Por esta razón la mayoría de las playas de la isla sorprenden al turista por su color negro. Las pequeñas rocas volcánicas trituradas hacen las labores de la fina arenisca de las playas peninsulares. La única mala noticia de esto es que los niños no podrán hacer castillos ni otras pequeñas obras arquitectónicas.

Espectaculo de delfines en Loro Park. Puerto de la Cruz

     La capital tinerfeña es Santa Cruz de Tenerife, siendo por ello la ciudad más poblada de la isla. Sin embargo, hay otras ciudades que ofrecerán un mayor interés al turista. Quizá Puerto de la Cruz sea uno de los destinos más demandados de los visitantes. Su situación a los pies del valle de La Orotava hace que la ciudad ofrezca una gran variedad de plantas y unos bellos parajes para disfrutar de la naturaleza. Además de las playas, el Puerto de la Cruz cuenta también con un impresionante Jardín Botánico, con Casino, piscinas de agua de mar, centros comerciales e incluso con un zoológico -el Loro Park– que pese a ser reducido supera con creces a los de las grandes ciudades. Por supuesto se pueden disfrutar unas papas arrugas en cualquier bar y por la noche la ciudad cobra vida con sus pubs y discotecas.  El Draco Milenario. Icod de los Vinos

     Además de Puerto de la Cruz, el visitante no puede marcharse de la isla sin ver otros lugares. Por ello se hace indispensable alquilar un vehículo, pues por un precio no muy elevado se podrá recorrer la isla en poco tiempo. Lugares como Icod de los Vinos, donde el turista encontrará uno de los árboles más antiguos de la isla -el Draco Milenario- y podrá disfrutar de los mejores vinos de la región. Garachico, la cuidad sepultada por la lava, vuelve a tener vida. En su costa la gente se baña en las piscinas naturales que forman las rocas.  

     Otro lugar imprescindible que el turista a de visitar es la punta de Teno, lugar conocido como Los Gigantes por sus imponentes acantilados que superan los 500 metros de altura.  Otros lugares muy visitados son Candelaria, La Orotava, Adeje, la Playa de las Américas, Los Cristianos o San Cristóbal de la Laguna.

Los Gigantes. Punta de Teno

     Y por supuesto, el turista no se puede marchar de Tenerife sin visitar el Teide. Pese a que el teleférico que sube casi a lo más alto cuesta unos 22 euros, merece la pena. Las vistas desde arriba son increíbles, pues si la visibilidad es buena se puede ver toda la isla. Además, el camino para llegar hasta el volcán es impresionante, pues en pocos kilómetros vas atravesando distintos ecosistemas. Eso si, para subir a la punta hay que pedir una autorización antes de viajar.

     Tenerife se convierte así en un destino muy goloso para aquél que quiera visitar un paraíso tropical sin salir de España y gastándose poco dinero.

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